San Lorenzo II: Una visita real

Castillo de San Lorenzo

Castillo de San Lorenzo

Entre los muchos secretos bien guardados que existen entre las montañas y caminos que conducen a la Villa de San Lorenzo, a sólo 8 km de la ciudad de Salta capital, hay uno que te lleva hasta El Castillo, una verdadera fortaleza enclavada en el corazón de la Villa con muchas historias reales, fábulas y sorpresas.

¿Te imaginás saboreando un té entre paredes de piedras y adornos del 1800?, ¿O despertando un domingo en la habitación de un castillo?

Desde el ingreso por una gran puerta, hasta el último minuto que pases en El Castillo vas  a poder sentir la magia que durante tantos años cautivó en Salta. Esta historia no se trata de brujas, ni hechizos, ni príncipes. Es un poco más común, pero vale la pena conocerla.

Cuentan los relatos de los habitantes de la Villa de San Lorenzo que allá por fines del siglo XIX llegó a la Argentina una familia de inmigrantes italianos provenientes de la región del noreste de Florencia- Italia. En el barco venían cuatro hermanos que al arribar al país eligieron diferentes caminos. Uno de ellos se enamoró de las particularidades de Salta y decidió quedarse.

Fue conocido como Luigi, un armero muy importante, que al poco tiempo de instalado logró darle vida a su profesión y se convirtió en uno de los comerciantes más reconocidos de la zona. Su acento italiano, su amabilidad y amistad para con todos, lo convirtió rápidamente en una personalidad de la zona. Así en poco tiempo logró fundar una talabartería, una herrería y abrió paso al mercado automotor con una casa de autos.

Así la historia, señala que en 1903 Don Luigi Bartoletti comienza la construcción de un castillo enclavado en las tierras de la Villa: réplica exacta de un castillo que el mismo había conocido en Florencia, construido totalmente en piedras que fueron traídas desde las aguas del río San Lorenzo, y transportadas a lomo de mula.

Poco a poco El Castillo se convirtió en un icono de la localidad y por él pasaron cientos y cientos de visitantes ilustres y amigos de la familia. Un detalle que todos cuentan es que las rejas que bordean las ventanas de la construcción están hechas con caños de fusiles Remington, una verdadera obra de arte única.

Con el tiempo y la muerte de su creador, el Castillo estuvo abandonado un tiempo hasta que hace pocos años el estadounidense John Johnston volvió a darle vida.
Hoy se trata de uno de los hoteles más importante de la zona, que además por las tardes se convierte en una confitería para saborear una rica merienda en la pausa del recorrido.

Si estás pensando en conocer la zona y visitar El Castillo, hay un secreto que no podés dejar de saber: dicen los habitantes que cuando se terminó de construir el castillo Don Luigi enterró allí varias botellas con distintos nombres: para muchos dentro de ellas hay un tesoro escondido… será cuestión de averiguarlo…

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