
Turismo en Iruya
Cuando llegué a Iruya supe que después de aquello nada podía ser igual. Había armado mi bolso en pocas horas después de haber paseado por el Cerro de los Siete Colores y las casualidades de la vida me unieron a un grupo de franceses excursionistas que me aseguraban en un español muy europeo que no iba a arrepentirme. No dudé en tomar la decisión, por aquellos días había descubierto tantas cosas mágicas que no podía esperar más. Sin embargo cuando llegué a Iruya entendí que el NOA siempre tiene más para mostrarnos.
Mientras intentaba explicar en mi francés básico algunas historias y escuchaba anécdotas, tomamos Ruta Nacional Nº 9, y a poco de andar desde la capital de Humahuaca percibí la primer señal; un cartel indicaba que para llegar a Iruya faltaban 54km. Unos 8km más adelante nos encontramos con la estación del ferrocarril, desde ahí nos esperaba el encuentro con el límite de Salta en el Abra del Cóndor.
A partir de allí empezamos a descender. Nos quedaban 19km para llegar a destino. Entre montañas que se abren a 2780m sobre el nivel del mar se emplaza la localidad de Iruya. Cuando llegamos el chofer del coche apagó el motor y nos hizo una seña de que percibiéramos la naturaleza. Los cuatro tripulantes bajamos en silencio y cada uno pudo reconocer los sonidos de sus propios sentidos. Habíamos llegado a uno de los lugares más soñados del país.
No podíamos creer que sólo 307km nos separaran de Salta Capital. Allí nos despedimos de nuestro conductor y comenzamos a andar un camino que no podré olvidar. No nos alcanzaban las expresiones de sorpresa y los ojos de todos para poder captar los magníficos paisajes y las increíbles fallas naturales de la tierra, de los árboles y el sonido mágico del silencio natural, alterado por algunas aves.
Los primeros pobladores que se cruzaron en nuestro camino eran indígenas. Minutos después podríamos comprobar que habitan grandes poblaciones en esas zonas. Aquí los indios han logrado sobrevivir en su cultura junto con los españoles, nos relató un lugareño que se ofreció a acompañarnos y nos prometió al día siguiente contarnos un poco más de los secretos y las costumbres. Antes nos acompañó hasta un lugar excelente para dejar los bolsos y pasar la noche. El sol todavía estaba alto y nos quedaban posibilidades de elegir entre algunos de los paseos más destacados para hacer: Camino del Inca, Circuito de los Arrieros, Circuito de los Cóndores, o bien optar por hacer trekking a San Juan, que fue la opción que tomamos para nuestro primer día y además nos interesaba la idea de saber que en una parte del trayecto (San Isidro-San Juan) podríamos llegar a ver el vuelo de los Cóndores.
El paseo fue excelente. Llegamos a San Isidro muy temprano después de una caminata muy colorido que va por el lecho del río, donde es posible encontrarse con artesanos de la zona que viven de sus ventas de tejidos, a tan sólo 20km hacia el norte de Iruya. Un poco más adelante tomando la dirección Noreste alcanzamos el camino para llegar hasta San Juan, nos quedaban cuatro horas de caminata. Al llegar nos recibió un fogueo de naturaleza y tradición aborigen. Allí la comunidad mucho menor que la de San Isidro, vive de las riquezas naturales. Nos quedamos a compartir allí grandes historias, y recorrer los paisajes que conforman el paraje. Cuando la tarde comenzaba a escaparse, decidimos volver a lomo de mula.
De vuelta en Iruya, comenzamos a programar los próximos días. Con la caída del sol, la luna se hizo presente y el cielo iluminó de plata los picos de las montañas. Había llegado a un lugar de ensueño.


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